EL CRUDO RELATO DE UNA TESTIGO EN CONTRA DE CUESTIONADO CENTRO DE ACOGIDA PARA ADULTOS MAYORES EN PUCÓN.
A continuación, El Trancura presenta de manera textual el relato de una testigo en contra de un centro de acogida para adultos mayores de Pucón, el mismo que hace un par de días fue denunciado por la concejala Marina Matus. Solo el nombre de la fundación fue omitido por asuntos legales.
“En el mes de noviembre del año 2025, ingresé a mi padre, a la residencia denominada (omitido por asuntos legales). Durante las primeras semanas, el lugar aparentaba encontrarse en buenas condiciones. Yo visitaba a mi padre todas las tardes después de mi trabajo, por lo que mantuve observación constante de su estado.
Con el paso de los días, la directora y dueña del recinto comenzó a citarme a reuniones, señalando que mi padre era agresivo, que no comía y que se encontraba muy inquieto. En ese contexto, la dueña —quien se identifica como enfermera— le administró medicamentos a mi padre sin receta médica ni evaluación previa de un médico, situación que pude constatar directamente.
Posteriormente, mi padre fue llevado a evaluación con una neuróloga, quien indicó risperidona en gotas solo en caso de emergencia y una pastilla para dormir. Sin embargo, estas indicaciones no fueron respetadas, ya que el medicamento fue administrado de forma frecuente y no excepcional.
Debido a una enfermedad personal, estuve dos semanas sin poder asistir presencialmente, pero me mantuve en contacto telefónico, recibiendo siempre la respuesta de que mi padre se encontraba “bien” y que “todo estaba funcionando correctamente”.
Al retomar mis visitas presenciales, encontré a mi padre en un estado notoriamente deteriorado:
- Mucho más delgado
- No comía por sus propios medios
- Caminaba con pasos extremadamente cortos
- Se encontraba constantemente dopado
Cada vez que consultaba por su estado, se me respondía que esto era “normal en el Alzheimer” y que yo desconocía la patología, tratándome de forma despectiva. Se justificaba el uso continuo de risperidona, pese a que estaba indicada solo para emergencias.
Además, en reiteradas ocasiones percibí olor persistente a orina, baños en mal estado higiénico, y una falta evidente de limpieza.
Presencié situaciones de maltrato verbal, como cuidadoras gritándole a una residente para que se sentara cada vez que se levantaba. También observé y escuché negación de alimentos a algunos residentes.
En una ocasión, mi padre debía realizarse un examen médico que requería ayuno. El personal lo mantuvo más de 12 horas sin comer, lo que provocó que en el CESFAM se negara la realización del examen por exceso de ayuno.
Respecto a la seguridad del recinto, encontré una ventana rota con vidrios expuestos dentro de la habitación de mi padre. Fui yo misma quien retiró los vidrios por riesgo de cortes. Al consultar por lo ocurrido, la directora afirmó que había sido mi padre quien rompió la ventana. No obstante, previamente una TENS del lugar me informó que había sido el vicepresidente de la fundación, quien rompió el vidrio para sacar a mi padre, quien se encontraba encerrado.
Asimismo, consulté por lesiones visibles en las rodillas de mi padre. La directora respondió textualmente lo siguiente:
“Tu papá tiene agitación psicomotora siempre por su Alzheimer, desorientación, se tira al suelo. Es normal en su patología. Por eso se indica risperidona y se contiene. Justamente para esto. Pero no se informa a la familia lo no relevante porque tendría que estar diciendo varias veces al día. Si hubiese algo más importante se informa de inmediato, pero esto es lo más común en esta patología.”
Esta fue la constante: omisión de información relevante, contradicciones y falta de transparencia. En múltiples ocasiones supe lo que realmente ocurría solo porque cuidadoras me informaban en secreto, ya que tenían prohibido hablar con familiares sin autorización de la directora.
Pude constatar que existían personas postradas amarradas. En una oportunidad, estando presente, escuché al personal decir que un residente no había almorzado, siendo ya aproximadamente las 19:00 horas.
Otros residentes con mayor lucidez me decían frases como:
“Lléveselo de acá, tratan muy mal a su papá, lo botan y lo tironean”.
Incluso la directora me envió fotografías y videos donde mi padre aparecía en el suelo, sin que el personal lo asistiera, limitándose a grabarlo en vez de ayudarlo.
No tomé acciones inmediatas porque mi prioridad era sacar a mi padre del lugar de forma segura. Varias ex trabajadoras y cuidadoras activas se me acercaron para decirme:
“Por favor, lléveselo, él está sufriendo”.
Finalmente, el 31 de diciembre de 2025, retiré a mi padre de la Fundación (omitido por asuntos legales) y lo trasladé a la residencia Casa Celeste de Curacautín, un establecimiento fiscalizado.
Desde su ingreso a dicho lugar:
- Recibo informes constantes
- Me envían fotografías y videos
- La medicación se administra solo según indicación médica
- Mi padre se encuentra en excelente estado
He consultado reiteradamente si presenta conductas agresivas o si se tira al suelo, y nada de lo descrito en la Fundación (omitido por asuntos legales) ocurre actualmente, lo que confirma que el deterioro sufrido fue consecuencia del trato recibido en dicha residencia.
Declaro que todo lo anteriormente expuesto es verdadero, basado en hechos que presencié directamente, conversaciones sostenidas con personal del recinto y material audiovisual recibido”.
