De vinos y vinilos
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El precio de exagerar una llamada

Enero 26, 2026

Por: Fernando Bravo S.

Cada vez que suena una sirena, algo en el pueblo se detiene. El tránsito se abre paso a la fuerza, los bomberos aceleran, el petróleo se quema rápidamente y el tiempo empieza a correr en contra. Todo esto ocurre porque alguien, en algún lugar, levantó el teléfono y dijo: “es una emergencia”. El problema es cuando no lo era.

Las falsas llamadas a los cuerpos de bomberos, o aquellas en las que se exagera deliberadamente la magnitud de un incendio, no son simples “bromas” ni errores inocentes. Son actos de irresponsabilidad que tienen consecuencias concretas, costosas y, potencialmente, trágicas. Cada salida innecesaria moviliza camiones de gran consumo de petróleo, personal capacitado y recursos que podrían estar siendo utilizados donde sí se los necesita.

El combustible que se gasta en una emergencia inexistente no es solo un número en una planilla. Es dinero público que se evapora, es contaminación que se suma al aire que respiramos y es desgaste prematuro de vehículos que deben estar siempre listos para lo verdaderamente urgente. Pero aún más grave es el tiempo perdido: esos minutos en los que una unidad atiende un incendio “fantasma” son irrecuperables. Y durante todo ese tiempo, se deja desprotegido un sector.

Exagerar una llamada tampoco es un acto menor. Informar humo donde hay vapor, fuego donde hay un desperfecto menor, o heridos graves donde solo hay golpes leves, provoca un despliegue sobredimensionado. Llegan más unidades de las necesarias, se bloquean calles, se genera alarma social y se vuelve a caer en el mismo círculo de gasto y pérdida de tiempo. El pueblo se paraliza por un peligro que nunca existió.

Detrás de cada intervención hay profesionales que dejan lo que están haciendo, que asumen riesgos y que confían en la veracidad de la información recibida. Jugar con esa confianza es jugar con la seguridad de todos. No se trata de desalentar las llamadas de emergencia, nadie debería dudar en pedir ayuda cuando la necesita, sino de recordar que la honestidad y la mesura también salvan vidas.

Usar correctamente los servicios de emergencia es una forma básica de responsabilidad ciudadana. Llamar solo cuando corresponde, describir los hechos con precisión y sin dramatismos innecesarios, es tan importante como ceder el paso a una unidad de emergencia en la calle.

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