¿Y tú qué opinas sobre esta práctica ancestral?
Cada verano, el centro de Pucón vuelve a presenciar una escena que para algunos resulta entrañable y para otros incómoda: el arribo de cochayuyeros que, con carretas tiradas por bueyes, ofrecen cochayuyo seco a transeúntes y turistas. Una imagen que remite a tiempos antiguos y a rutas de intercambio tradicionales, pero que también abre un debate sobre convivencia urbana, bienestar animal y uso del espacio público.
Para un sector de la comunidad, la presencia de los cochayuyeros representa una expresión cultural que forma parte del patrimonio del sur de Chile. Vecinos y visitantes valoran el contacto directo con una práctica ancestral ligada al borde costero, al trabajo familiar y a una economía de subsistencia que ha sobrevivido al paso del tiempo.
Sin embargo, no todos comparten esa mirada. En redes sociales y conversaciones cotidianas han surgido críticas que apuntan al supuesto maltrato animal, así como a las molestias que generaría la presencia de los bueyes en pleno centro urbano, especialmente por la eventual suciedad de las calles producto de excrementos u orina. Para quienes sostienen esta postura, la ciudad turística —ordenada y limpia— no debiera convivir con este tipo de actividades.
En conversación con El Trancura, uno de los cochayuyeros defendió su oficio, subrayando que se trata de una tradición de carácter cultural y ancestral, heredada de generación en generación. Según relató, su permanencia en el centro es acotada: se instala por cerca de cuatro horas diarias en las afueras del Supermercado El Tit, tiempo durante el cual comercializa su producto y permanece junto a los animales.
“El resto del día los bueyes no están en el centro”, explicó. Tras finalizar la venta, los animales son llevados a un espacio abierto, donde pueden pastar y descansar, lejos del tránsito vehicular y del movimiento urbano. Asegura que el cuidado de los bueyes es fundamental para su trabajo y que sin ellos la actividad simplemente no sería posible.
El debate, que se repite cada temporada estival, refleja una tensión más amplia entre la vida urbana moderna y las prácticas tradicionales que aún persisten en territorios turísticos como Pucón. Mientras algunos llaman a proteger y valorar estas expresiones culturales, otros exigen regulaciones más estrictas que resguarden el orden, la higiene y el bienestar animal.
Por ahora, los cochayuyeros continúan llegando cada verano, recordando que bajo la postal turística también conviven historias, oficios y tradiciones que siguen buscando su lugar en la ciudad.
