Pillan
previous arrow
next arrow

LA DELGADA LÍNEA ENTRE PREVENIR Y ESPANTAR

Agosto 12, 2026

Durante las últimas semanas se ha instalado en Pucón un debate que merece ser abordado con altura de miras: ¿se está exagerando al momento de advertir sobre los sistemas frontales o simplemente se está actuando con la prevención que corresponde? Por un lado, están quienes cuestionan al alcalde Sebastián Álvarez y a su equipo por considerar que el énfasis puesto en las alertas termina generando temor entre quienes planean visitar la comuna, con las consecuencias económicas que ello implica para un destino que vive principalmente del turismo. Por otro, están quienes sostienen que, frente a la incertidumbre de la naturaleza, la seguridad debe estar siempre por delante.

Soy consciente de que esta editorial generará debate y opiniones contrapuestas. Y está bien que así sea. Porque justamente eso es lo que debe prevalecer: el diálogo, el intercambio de argumentos y la búsqueda de puntos de encuentro que permitan avanzar hacia posibles soluciones. Más que tomar partido por uno u otro sector, quiero analizar el panorama completo e intentar comprender por qué hemos llegado a esta discusión.

Lo primero que debemos establecer es algo que difícilmente puede estar sujeto a debate: la seguridad y el resguardo de las personas deben ser siempre una prioridad. Ninguna temporada turística, por importante que sea para nuestra economía, puede estar por encima de una vida humana. Pero aquello tampoco significa que debamos caer en excesos comunicacionales capaces de generar una percepción de riesgo mayor a la que realmente existe.

Y para comprender lo que está ocurriendo hoy, probablemente tengamos que volver al temporal del pasado 1 de julio.

Soy puconino de toda la vida y, al menos personalmente, nunca había visto vientos de esa magnitud en nuestra comuna. Más de 400 árboles cayeron producto del fenómeno, dejando una imagen que difícilmente olvidaremos quienes estuvimos aquí. Frente a un escenario así, ¿cómo no informar? ¿Cómo no entregar recomendaciones? ¿Cómo no pedir a las personas que eviten exponerse innecesariamente?

Afortunadamente, pese a la magnitud de los daños, en Pucón no tuvimos que lamentar personas fallecidas ni heridos de gravedad. Y creo que corresponde reconocer que, en aquel episodio en particular, el municipio y sus equipos de emergencia estuvieron a la altura del desafío, incluso considerando que inicialmente no se esperaba que el temporal alcanzara semejante nivel de afectación.

Pero quizás ese mismo acontecimiento cambió el paradigma.

Después del 1 de julio, naturalmente quedó instalada una preocupación mayor frente a cada nuevo anuncio meteorológico. Es posible que aquel temporal haya llevado al municipio a poner un énfasis mucho más fuerte en la prevención frente a los sistemas frontales posteriores, los que finalmente no alcanzaron la misma intensidad.

¿Eso pudo haber provocado que algunos turistas desistieran de viajar a Pucón? Probablemente sí. ¿Generó preocupación entre empresarios, comerciantes y emprendedores que esperaban con ansias la temporada de invierno para mejorar sus ventas? También.

Pero existe otra pregunta que debemos hacernos.

¿Qué habría ocurrido si alguno de esos sistemas frontales hubiese golpeado con mucha más fuerza de la esperada y la Municipalidad no hubiese advertido previamente a la comunidad?

La naturaleza es incierta. Lo ocurrido recientemente en la ruta que conecta Panguipulli con Lican Ray es un doloroso recordatorio de aquello: un árbol cayó sobre un vehículo y provocó la muerte de una pareja que esperaba un hijo. Frente a una tragedia semejante, seguramente una de las primeras preguntas habría sido por qué no se advirtió suficientemente sobre los riesgos asociados al viento.

Por eso este debate no es sencillo.

Existe una delgada línea entre advertir y asustar. Y respetarla no siempre es fácil.

Especialmente en una comuna como Pucón, cuya economía depende profundamente del turismo.

Entiendo perfectamente la molestia de quienes trabajan durante meses esperando las temporadas de mayor movimiento. Detrás de cada restaurante, alojamiento, cafetería, comercio o emprendimiento existen familias, trabajadores, inversiones y compromisos económicos. Una cancelación masiva de reservas producto de una percepción exagerada de riesgo puede significar mucho más que simplemente “tener menos turistas”.

Por eso también creo necesario reconocer que, en determinados momentos, desde el municipio se ha exagerado el énfasis comunicacional respecto de algunos eventos meteorológicos. Incluso considero que hubo apariciones televisivas que resultaron innecesarias y que, lejos de contribuir a una correcta prevención, pudieron proyectar hacia el resto del país una imagen de Pucón mucho más compleja de la que realmente existía en ese momento.

Eso también debe revisarse.

Prevenir no significa dramatizar. Informar no significa alarmar.

Y en esta discusión los medios de comunicación tampoco podemos mirar desde la vereda del frente. También debemos hacer nuestro mea culpa. Muchas veces, en la búsqueda de informar rápidamente o captar la atención de nuestras audiencias, podemos terminar dando un énfasis excesivo a determinados pronósticos, utilizando titulares o imágenes que contribuyen a instalar una sensación de alarma mayor a la realidad. Nuestro deber es informar sobre los riesgos —y hacerlo oportunamente—, pero también entregar contexto, verificar la magnitud de las amenazas y evitar caer en el alarmismo. Si pedimos responsabilidad comunicacional a las autoridades, esa misma responsabilidad debemos exigírnosla a nosotros mismos. Porque los medios también contribuimos a construir la imagen que el resto del país tiene de Pucón y, por lo tanto, somos parte tanto del problema como de la solución.

Se puede comunicar que habrá viento, nieve o precipitaciones importantes; recomendar precaución; informar qué caminos están habilitados; explicar cuáles sectores presentan dificultades y mantener canales de emergencia disponibles, sin transmitir necesariamente la idea de que toda la comuna está paralizada o que visitar Pucón representa un peligro.

Ahí existe un desafío importante para el municipio y particularmente para su estrategia comunicacional: advertir con responsabilidad, precisión y proporcionalidad.

Quizás también sea momento de cambiar la manera en que comunicamos los sistemas frontales. En vez de hablar de “Pucón” como una sola realidad, resulta fundamental especificar dónde está el problema. No es lo mismo una dificultad en un camino cordillerano que una afectación en el centro urbano. No es lo mismo recomendar evitar determinados sectores rurales que transmitir la sensación de que toda la comuna se encuentra bajo una situación extrema.

Una comunicación más territorializada podría ser parte de la solución: informar claramente qué sectores presentan riesgos, cuáles funcionan normalmente, qué atractivos permanecen abiertos y cuáles se encuentran temporalmente restringidos. La prevención y el turismo no necesariamente tienen que ser enemigos.

Pero esta discusión también nos obliga a mirar un problema mucho más profundo.

Los temporales más complejos de este invierno se han concentrado principalmente durante julio y parte de agosto. Entonces me pregunto: ¿qué ocurre con el turismo durante el resto del año?

¿Qué estamos haciendo durante marzo, abril, mayo y junio? ¿Qué hacemos en septiembre, octubre y noviembre?

Ni siquiera necesitamos incluir enero y febrero en esta reflexión.

Pucón posee termas, gastronomía, naturaleza, senderismo, cultura, deporte, bienestar, actividades familiares, eventos, comercio y una enorme cantidad de experiencias que no dependen exclusivamente de la nieve ni del verano. Tenemos meses completos en los que los sistemas frontales extremos son menos frecuentes y, sin embargo, seguimos concentrando buena parte de nuestras expectativas económicas en unas pocas semanas del calendario.

Quizás allí exista un punto de encuentro entre ambas posiciones.

En vez de enfrentar a quienes piden mayor prevención con quienes defienden la actividad turística, podríamos comenzar a discutir cómo hacemos que Pucón dependa menos de períodos tan específicos del año.

Porque un temporal puede afectar un fin de semana. Incluso puede complicar varias semanas. Pero si nuestra economía turística es suficientemente sólida durante nueve, diez u once meses del año, el impacto será necesariamente menor.

Necesitamos trabajar para que marzo también sea temporada; para que abril tenga actividades capaces de atraer visitantes; para que mayo tenga una propuesta reconocible; para que junio sea algo más que la antesala de las vacaciones; y para que septiembre, octubre y noviembre tengan una programación turística potente.

Eso requiere coordinación entre el municipio, la Cámara de Turismo, empresarios, emprendedores y la comunidad. Requiere eventos, promoción, planificación y, sobre todo, una estrategia común.

La solución, entonces, probablemente no esté en dejar de advertir sobre los riesgos ni tampoco en anunciar cada sistema frontal como si estuviéramos frente a una catástrofe.

Está en encontrar equilibrio.

Prevenir sin alarmar. Informar sin exagerar. Promocionar sin esconder los riesgos.

Y, paralelamente, construir un Pucón capaz de recibir visitantes durante todo el año, para que nuestra economía no dependa de que el cielo esté despejado durante determinadas semanas.

Después de todo, ni el alcalde, ni los empresarios turísticos, ni los medios de comunicación, ni quienes vivimos de distintas actividades en esta comuna podemos controlar el viento, la lluvia o la nieve.

Lo que sí podemos controlar es cómo nos preparamos, cómo comunicamos y cómo trabajamos juntos frente a ellos.

mipucon
previous arrow
next arrow

Pública con nosotros

¿Quieres publicar anuncios laborales, venta de propiedades o vehículos? Completa nuestro formulario.

No te pierdas

La Mágica Isla de Itaca: Tras las huellas de Ulises al encuentro de La Odisea

Tantas veces me había preguntado cómo podría ser un viaje

RESULTADOS PRELIMINARES EN LA ARAUCANIA

Elecciones Chile 2025 A esta hora en La Araucanía -según