Por Omar Cortez Quintana.
En el kilómetro 6 del camino al Volcán Villarrica, lo que hoy es una galería de artesanía de prestigio nacional llamada “Ruka Pulli” (Hogar del Alma), hace 26 años era solo un sueño y un camino de tierra. Conversé con Juan Carlos Palma Aguilera, el hombre detrás de esta agrupación, sobre los desafíos de emprender lejos del centro urbano y el valor de la unión familiar. A continuación, parte de nuestra conversación:
— Cuéntame sobre tus raíces en este proyecto. ¿Cómo nace la Agrupación Ruka Pulli?
Juan Carlos Palma: Mira, Ruka Pulli ya cuenta con 26 años de trayectoria y todo nació por una necesidad. En ese tiempo, los artesanos de Candelaria estábamos dispersos; cada uno tenía un localcito humilde a la orilla del camino o teníamos que viajar hasta el Mercado Municipal de Temuco para vender nuestros productos. No teníamos un espacio propio ni digno.
La chispa inicial surgió en una reunión en casa de un dirigente, don Carlos Cerda. Ahí le planteé la idea al entonces senador Jorge Lavandero, quien me derivó con gente de Sercotec. Ellos me dieron la clave: “Agrúpense, formen una organización y busquen un lugar”. Empezamos 30 personas, pero como todo proyecto difícil, algunos no creyeron y se retiraron. Al final, nos quedamos 12 familias, que somos los que hoy damos vida a este lugar.
— Conseguir el terreno donde están hoy —en una ubicación estratégica, pero que en ese entonces era muy distinta— no debe haber sido fácil. ¿Cómo lograron establecerse aquí?
Juan Carlos: Fue una apuesta. Me contacté con la señora Ana María Monsalve, que tenía un camping y un local aquí. Ella creyó en nuestra idea y nos arrendó el espacio por un año. Con ayuda de Sercotec levantamos una galería provisoria, pero nuestro norte siempre fue la propiedad definitiva. Juntamos “platita” peso a peso entre todos los artesanos y logramos comprar casi una hectárea. Ese fue uno de los momentos más felices: saber que la tierra era nuestra. Trabajamos 20 años en la galería antigua hasta que logramos inaugurar la estructura actual, que es un orgullo para la región.
— Ustedes decidieron no seguir la corriente de irse al centro de Pucón. ¿Por qué quedarse en el kilómetro 6, en dirección al volcán más activo de Sudamérica?
Juan Carlos: Exactamente. Lo más fácil habría sido ir a pedir un espacio en el centro, como todos. Pero nosotros apostamos por este sector cuando no había asfalto, ni comercio, ni nada. Hicimos patria. Queríamos demostrar que se podía crear un polo de desarrollo fuera del radio urbano. Hoy, la marca Ruka Pulli es reconocida y respetada, y eso nos da un orgullo inmenso.
— Hablas mucho de “familias”. ¿Qué tan importante es el factor sanguíneo en la agrupación?
Juan Carlos: Es el corazón de todo. Ruka Pulli es, literalmente, una familia de artesanos. Aquí somos primos, hermanos, cuñados. En mi caso personal, mis hijos ya son artesanos; mi hijo y mi nuera tienen su local, mi hija trabaja en el foodtruck del recinto… Hemos logrado que el oficio no se pierda, sino que se herede.
— No todo ha sido éxito inmediato. ¿Cuáles han sido los momentos más amargos en estos 26 años?
Juan Carlos: Los inicios fueron duros porque llegaba muy poco público y la gente dudaba de nosotros. Luego, la pandemia nos dio un golpe fuerte; fueron momentos amargos de incertidumbre. Pero la misma unión que nos permitió comprar el terreno fue la que nos sacó adelante.
— Finalmente, Juan Carlos, ¿cómo definirías el momento actual de Ruka Pulli?
Juan Carlos: Es un momento de consolidación. Miramos hacia atrás y vemos que todo el esfuerzo y el sacrificio valieron la pena. Tenemos una galería hermosa, una marca posicionada y, sobre todo, un espacio donde nuestras familias pueden vivir de su arte. Estamos felices, pero siempre pensando en qué más podemos mejorar.
