En Pucón y Villarrica no miramos al volcán como un extraño. Lo tenemos ahí todos los días, asomándose por la ventana, marcando el paisaje y formando parte de nuestra vida diaria. Para nosotros no es solo una montaña: es un vecino vivo, un pedazo imponente de nuestro patrimonio natural y de lo que somos como destino.
Pero hay algo que muchos locales notamos hace rato. Cada vez que se acercan las vacaciones, como las de invierno, que este año van del 22 de junio al 3 de julio, los medios nacionales empiezan a publicar con fuerza sobre la actividad del Villarrica. Esta vez, desde el 3 de junio el Sernageomin reportó incandescencia recurrente en el cráter, más radiación térmica y un leve aumento en las emisiones de gases. Eso sí, la sismicidad interna se mantiene estable y la Alerta Verde sigue igual. Todo dentro de lo normal para un volcán tan activo. Y esto es lo que molesta que no se mencione en el subtítulo de los reportes en la prensa.
¿Casualidad? El Villarrica es uno de los volcanes más inquietos de Chile, con historia de erupciones y un lago de lava que lo mantiene siempre despierto. Los reportes técnicos salen durante todo el año, pero parece que los titulares más llamativos coinciden justo cuando la gente de Santiago y otras regiones empieza a armar las maletas para venir al sur. Generan clic, claro, pero también dejan a más de uno dudando si venir o no. Y esto genera un ambiente local raro. Algunos lo tildan de conspiracional, pero ese dejo a “justo ahora ese titular” no deja indiferente a los Puconinos.
Vivimos con el volcán, no a pesar de él.
Acá la relación no es de miedo, sino de respeto, admiración y convivencia. De hecho cuando lo miramos, y lo vemos humeando decimos “qué bien, está respirando”.
Para las comunidades mapuche, el Villarrica – conocido como Rukapillan, es un lugar sagrado, lleno de significado en su cosmovisión.
Ha moldeado el territorio, fertilizado la tierra y los bosques, creado paisajes y atractivos únicos: termas, cuevas volcánicas, el centro de esquí en sus faldas y esa vista imponente que nos define y enorgullece.
Los que vivimos aquí sabemos cómo manejarlo. Contamos con monitoreo constante del Sernageomin y SENAPRED, protocolos claros de evacuación, guías locales que conocen cada rincón y una comunidad que ha aprendido a convivir con esta fuerza de la naturaleza durante generaciones. No es algo que nos paralice; al contrario, es parte de lo que hace especial a Pucón.
Por eso mismo atrae a tanta gente. Cada año miles suben a sus laderas, esquían en invierno, hacen trekking al cráter en verano o simplemente disfrutan la energía que transmite. Es aventura con conciencia, y eso es lo que vende nuestro destino.
Más allá de los titulares.
Los medios cumplen su rol informando, pero a veces el enfoque se va más hacia lo impactante (“¡incandescencia!”) que al contexto completo. Mientras tanto, la Municipalidad y los gremios turísticos siguen empujando campañas como “Pucón Te Espera” para recibir a los visitantes con tranquilidad y experiencias auténticas.
Esta “sinergia” entre noticias y fechas de vacaciones puede complicar las reservas y afectar a cabañas, hoteles, guías y emprendimientos locales. Por eso es clave ver, y comunicar, las fuentes oficiales y no quedarse solo con los titulares caza-clics. Nosotros, los que vivimos acá, sabemos que el volcán no es una amenaza constante: es un guardián que forma parte de nuestra identidad, historia y cultura.
Ven a vivirlo de cerca.
Pucón no es un lugar para postales estáticas. Es un destino donde fuego, hielo, lago y bosque conviven en un equilibrio dinámico. Venir significa abrazar esa energía, disfrutar del volcán con respeto y llevarse una experiencia que pocos lugares entregan.
Para los que están pensando en sus vacaciones de invierno, no dejen que un titular los haga dudar. Acá lo esperamos con los brazos abiertos, con protocolos serios y con la calidez de siempre. El Rukapillan nos ha acompañado toda la vida y seguirá siendo el corazón, e ícono de nuestro paraíso sureño.
Por: Roberto Nappe Goldammer.
