Por: Fernando Bravo S.
En una comuna como la nuestra, donde las tensiones entre desarrollo, turismo y calidad de vida son parte del día a día, gobernar no es simplemente administrar lo existente. Gobernar implica tomar decisiones. Y, sobre todo, asumir el costo de tomarlas.
Sin embargo, cada vez se hace más evidente una sensación que se repite en conversaciones cotidianas, en emprendimientos locales y en la mirada de muchos vecinos: en Pucón, más que decisiones equivocadas, lo que abunda es la falta de decisiones claras.
No se trata necesariamente de grandes errores ni de polémicas estridentes. El problema es más sutil, pero igual de dañino: definiciones que se postergan, señales que se contradicen, procesos que se diluyen en el tiempo sin una resolución concreta. En ese escenario, la incertidumbre se vuelve la norma.
Para quienes invierten, emprenden o simplemente intentan proyectar su vida en la comuna, esta ambigüedad tiene un costo real. Cuando no hay reglas claras o estas parecen cambiar según el momento, se instala una sensación de fragilidad. No saber si algo será aprobado, rechazado o simplemente dejado en espera indefinida, no sólo desincentiva la iniciativa, sino que también erosiona la confianza en las autoridades.
A nivel vecinal, ocurre algo similar. La percepción de desorden o improvisación no siempre nace de decisiones impopulares, sino de la ausencia de un rumbo visible. Porque, al final del día, incluso una mala decisión puede ser corregida. Lo que resulta mucho más difícil de enfrentar es la inacción.
Gobernar implica inevitablemente incomodar a alguien. Cada decisión genera ganadores y perdedores, apoyos y críticas. Pero evitar ese conflicto a través de la indefinición no elimina el problema: solo lo traslada en el tiempo y lo amplifica.
Pucón necesita más que gestión administrativa. Necesita conducción. Necesita autoridades que no solo reaccionen, sino que marquen un rumbo claro, que den certezas mínimas y que sean capaces de sostener sus decisiones incluso frente a la presión.
Porque cuando la autoridad duda, la comuna también lo hace. Y en un entorno donde todo ya es estacional, incierto y altamente competitivo, la falta de claridad institucional termina siendo un problema adicional que simplemente no nos podemos permitir.
Gobernar también es decidir. Y postergar esa responsabilidad, en el largo plazo, tiene un costo que termina pagando toda la comunidad.
