Cuando la educación y el derecho se relacionan… se produce una sinapsis que es fundamental para el desarrollo de un ciudadano. Los conocimientos bien aplicados son el mayor enemigo de la ignorancia, y no significa ignorancia despectiva, es decir, aquel que no tiene conocimientos específicos del derecho, sino aquella ignorancia voluntaria, respecto de conocimientos que nos motivan para impregnarnos de normas básicas que se nos exige conocer como parte integrante de este País.
Cuando se realizan capacitaciones o relatorías aplicando distintas formas de aprendizaje, como el coaching o las mentorías, potenciamos las habilidades del cochee o mentee , asegurando que el conocimiento es adquirido y será bien aplicado.
El derecho es una herramienta sabia, que impulsa a quienes quieran
convivir con él, sobre todo, cuando nuestro Código Civil nos exige conocerlo una vez que la Ley entra en vigencia (artículo 8), implicando saborear un poder que bien utilizado, faculta a las personas a ejercer sus derechos. Normativamente hablando debería llamarse la instancia de poder potenciar la habilidad de conversar sin tecnicismo sobre temas legales que nos interesan a todos los habitantes de Pucón, aplicando distintos mecanismos de aprendizaje que fomenten el interés de querer aprender en profundidad.
“Para Aristóteles, el derecho es la realización práctica de la justicia, la cual no es solo una virtud moral, sino el pilar de la polis (la ciudad-estado)”
Lo anterior nos debe llevar a reflexionar… si tenemos “nociones” del derecho estamos practicando la justicia sin darnos cuenta, imaginemos lo que se lograría, si pudiéramos motivar al ciudadano común a conversar las normas que muchas veces están más cerca de lo que creemos, si logramos que se percaten de las habilidades que los llevarían a conectarse con el derecho bien aprehendido, a dejar de lado esa ignorancia elegida voluntariamente y que nos aleja de ser ciudadanos y sólo a ser masa que sigue al que se cree más sabio.
La ciudad, la justicia, la aplicación de la normativa… nacen, aunque no lo
creamos, de nuestra propia boca, desde nuestras conversaciones incipientes, sólo que alguien más avezado logra proyectarla y transformarla en ley de nuestro país. Seamos más activos, motivados y logremos a través de la conversación normativa ser creadores de nuestro propio futuro.
