POR: RICARDO FIGUEROA CASTRO, COACH DE LIDERAZGO Y DESARROLLO HUMANO.
Siendo un orgulloso padre de 5 hijos, sentía que un estilo de vida sano y asociado al deporte, sumado al amor incondicional por ellos me podría garantizar una buena y larga vida.
Pero todo se vino abajo.
El año 2016 tuve una insuficiencia renal grave al extremo de haber quedado ciego durante algunos días, luego de dos meses de hospitalización tuve una recuperación tan milagrosa que llegó a ser validada por la universidad británica de St. Andrews como “caso hospitalario de éxito sin precedentes.”
Si embargo, a fines de 2024 la vida me vuelve a sorprender y me diagnostican una leucemia, la que me volvió a tener algunos días en riesgo vital, con quimioterapias muy invasivas, para luego de más de dos meses hospitalizado salir de alta y posteriormente recibir el resultado de la biopsia de cierre donde decía que el cáncer había desaparecido.
¿Qué necesitaba aprender?
La vida, junto con darme otra oportunidad, me regala una verdadera herramienta de transformación: mi despertar espiritual, enseñándome que para una vida plena debía desarrollar profundamente mi mundo interior, lo que implicaba estar dispuesto a ser vulnerable y a vivir genuinamente desde el amor y la gratitud. Es decir, primero el corazón, luego el rendimiento.
Aquí llego a un punto que me ha tomado años en comprender: los humanos estamos programados para el amor y la conexión, anhelamos pertenecer, ser parte; pero al mismo tiempo, somos fundamentalmente egocéntricos, que es cuando estamos demasiado enfocados en nosotros mismos.
Entrenando el corazón
Entrenar el corazón significa entrenarlo para amar lo que es más vital y hermoso, soltando el miedo y la autoprotección.
En la práctica, los siguientes son algunos aspectos simples pero efectivos para este tipo de entrenamiento:
• Entrena tu atención: fíjate cuando tus pensamientos vuelven a ti mismo. “¿Qué piensan de mí?” y cambiar suavemente tu atención hacia amar a la persona que tienes delante y estar agradecido por la tarea y las posibilidades que tienes.
• Entrena tu imaginación: aliméntala con historias inspiradoras: historias de valor, servicio y grandeza, e imágenes del tipo de persona en la que quieres convertirte.
• Entrena alimentándola con sabiduría: lee y escucha diariamente las palabras e ideas de grandes maestros y maestras.
• Entrena con pequeñas decisiones: elige escuchar en lugar de defender, servir en lugar de ser atendido, ser honesto en lugar de impresionar. Cada pequeña elección es una repetición más para el corazón.
• Entrena a través de la meditación: suelta tus miedos, y poco a poco deja que el amor, no el ego, sea el centro de tu vida.
Con el tiempo, estas prácticas transformarán tu mundo interior. Los neurocientíficos lo llaman plasticidad: elecciones repetidas literalmente reconfiguran el cerebro.
Cada vez que eliges el amor en lugar de la autoprotección, estás entrenando a tu corazón para vivir con más libertad.
El papel crucial de abrazar la presión
Toda vida humana conlleva presión: y aquí está lo verdaderamente importante: lo que hacemos con ella lo es todo.
Toda la vida es entrenamiento, especialmente en las etapas complejas y adversas.
El entrenamiento genera tensión e incomodidad, por lo que no es raro que nos hayan enseñado que había que huir de ella. Sin embargo, y en gran medida gracias al deporte, fui aprendiendo que, si huía de la presión, me alejaría de mis sueños, impidiéndome crecer. Con el tiempo llegué no solo a agradecerla, sino que también a disfrutarla.
Entrenar nuestro corazón significa entrenarlo para amar lo que más nos empodera, no lo que nos resulta más cómodo.
Entrenar nuestro corazón entonces se trata no solo de aprender a sentirnos cómodos en la incomodidad, sino que también de agradecer esa sensación que aparece para enseñarnos y ayudarnos, expandiendo nuestro mundo y todo lo que creamos que es posible.
